Opinión de Emiliano Sesma
La relación entre México y Estados Unidos atraviesa nuevamente un momento delicado. Las recientes declaraciones del presidente Donald Trump y miembros de su administración, insinuando posibles acciones unilaterales contra los cárteles mexicanos, han encendido las alarmas no solo en el ámbito político, sino también entre millones de mexicanos que entienden perfectamente el valor de la soberanía nacional.
México y Estados Unidos son aliados, vecinos y socios comerciales estratégicos. La cooperación bilateral en materia de seguridad siempre será importante; sin embargo, ninguna colaboración puede construirse desde la amenaza, la presión mediática o el intervencionismo. La historia de América Latina ha demostrado que cuando las potencias extranjeras intentan imponer soluciones por encima de los gobiernos nacionales, los resultados suelen generar más tensión, división e inestabilidad.
En ese contexto, la postura de la presidenta Claudia Sheinbaum ha sido firme, responsable y equilibrada. Lejos de caer en confrontaciones innecesarias o discursos radicales, la mandataria ha dejado claro que México está dispuesto a cooperar con Estados Unidos en el combate al crimen organizado, pero siempre bajo principios de respeto mutuo, coordinación institucional y plena defensa de la soberanía nacional.
Ese mensaje es importante porque refleja madurez política y visión de Estado. México no puede permitir que actores extranjeros pretendan actuar dentro de nuestro territorio al margen de las autoridades nacionales. Combatir al crimen organizado es responsabilidad del Estado mexicano, y cualquier estrategia efectiva debe fortalecerse desde las instituciones nacionales, no desde amenazas externas.
Además, la presidenta Sheinbaum ha insistido en algo fundamental: el problema del narcotráfico y el fentanilo no puede analizarse únicamente desde México. Estados Unidos también enfrenta una profunda crisis de consumo, tráfico de armas y lavado de dinero que alimenta el crecimiento de estas organizaciones criminales. La cooperación debe ser compartida y corresponsable, no unilateral.
Hoy más que nunca, México necesita unidad interna, fortaleza institucional y una política exterior digna. Defender la soberanía no significa negar la colaboración internacional; significa dejar claro que nuestro país merece respeto y que las decisiones sobre el futuro de México deben tomarse en México.
La relación bilateral entre ambas naciones debe construirse con diálogo, inteligencia y coordinación, no con amenazas. Por lo que póngale fecha, en medio de este escenario complejo, la postura serena y firme de Claudia Sheinbaum envía un mensaje claro: México coopera, pero nunca se somete.
