El salario mínimo en Venezuela volvió a tocar un umbral crítico este martes, al equivaler a solo medio dólar mensual, según la tasa oficial del Banco Central de Venezuela (BCV). Aunque esta cifra es la referencia oficial para los trabajadores públicos y pensionados, su impacto real en el poder adquisitivo es prácticamente nulo, por lo que la mayoría de los empleados depende de bonos otorgados por el Gobierno para poder cubrir sus necesidades básicas.
De acuerdo con el BCV, el dólar se ubicó en 262 bolívares, lo que deja el salario mínimo —fijado en 130 bolívares desde marzo de 2022— reducido a su menor valor real en más de una década. Cuando se decretó hace más de tres años, representaba aproximadamente 30 dólares, pero la erosión constante del bolívar frente a la divisa estadounidense lo ha convertido en un monto simbólico.
Un salario que no cubre ni un día de gastos
En un país donde la canasta alimentaria supera con facilidad los cientos de dólares, la realidad del salario mínimo se vuelve dramática. Un economista consultado, que prefirió no ser identificado, señaló que intentar sobrevivir con medio dólar al mes es “materialmente imposible”, por lo que los venezolanos recurren a mecanismos alternos: remesas enviadas por familiares desde el extranjero, ayudas humanitarias, trabajos informales o bonos gubernamentales que, aunque más significativos, no cuentan como salario formal.
Estos bonos, que no inciden en prestaciones, vacaciones, utilidades ni antigüedad, se han convertido en la verdadera fuente de ingresos para la administración pública. Actualmente, los trabajadores reciben dos principales:
- Bono de alimentación: 40 dólares.
- Bono “de guerra económica”: 120 dólares.
El total de 160 dólares mensuales se paga también al equivalente en bolívares del día, lo que introduce un elemento de incertidumbre por la continua devaluación. Aunque representan un alivio temporal, las organizaciones laborales denuncian que no sustituyen la obligación constitucional del Estado de garantizar un ingreso digno mediante un salario formal ajustado periódicamente.
¿Por qué Venezuela no puede subir el salario mínimo?
La falta de un ajuste salarial sostenido ha generado críticas tanto dentro como fuera del país. Sin embargo, desde la óptica económica, explicar por qué no se puede aumentar el salario mínimo exige observar la estructura del Estado venezolano.
El especialista consultado afirmó que la pregunta correcta no es cuánto debe subir el salario, sino por qué la economía no puede sostenerlo. Según su análisis, la baja productividad interna, la dependencia petrolera y los altos costos operativos impiden que Venezuela pueda financiar un incremento sustancial.
A esto se suma el peso de una nómina pública que abarca 5.5 millones de empleados, de acuerdo con cifras de Transparencia Venezuela, además de 4.5 millones de pensionados, según Provea. Todos reciben el salario mínimo como base.
Subir ese monto a 250 dólares mensuales —una cifra aún insuficiente frente al costo de vida— demandaría más recursos de los que generan las exportaciones petroleras y la recaudación fiscal combinadas, aseguró el economista. “No existen suficientes ingresos estatales para elevar el salario a niveles que permitan cubrir siquiera la canasta básica”, sentenció.
Aunque reconoce que los ingresos del Estado han mejorado respecto a años anteriores, no hay estadísticas fiscales oficiales que permitan proyectar cuál podría ser un aumento razonable. Las cifras públicas sobre producción petrolera, ingresos y ejecución presupuestaria son escasas, lo que dificulta evaluar la verdadera capacidad financiera del Gobierno.
Bonos como política permanente
En ausencia de aumentos salariales, el Gobierno venezolano ha defendido su sistema de bonos como una herramienta “efectiva para enfrentar la guerra económica, las sanciones y contener la inflación”. Sin embargo, diversas ONG y gremios advierten que esta modalidad precariza el trabajo público, reduce garantías laborales y deja a millones de venezolanos a merced de pagos discrecionales.
La organización Provea recuerda que la Constitución obliga al Estado a ofrecer un ingreso suficiente para una vida digna. En abril, el costo de la canasta básica calculada por el Cendas-FVM se ubicó en 503,073 dólares, una cifra que deja en evidencia la enorme distancia entre el salario formal y el costo real de vivir en Venezuela.
Mientras no exista un ajuste salarial significativo ni una recuperación sostenida de la productividad interna, el salario mínimo seguirá atrapado en niveles mínimos y los bonos continuarán siendo la principal herramienta del Estado para amortiguar una crisis que parece prolongarse indefinidamente.
Con información de EFE
