Pónganle fecha | EL OCASO POLÍTICO

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Opinión de Emiliano Sesma

En la política veracruzana, pocas cosas resultan más evidentes que el desgaste de figuras que, tras décadas en el poder, se resisten a aceptar que su tiempo ha pasado. La reciente renuncia de Héctor Yunes Landa al PRI no es un acto de dignidad política, sino más bien una maniobra anticipada frente a lo inevitable: su pérdida de peso dentro de un partido que hace tiempo dejó de girar en torno a su figura e incluso de tener importancia.

Lejos de asumir con autocrítica su salida, Yunes ha optado por el camino más predecible: lanzar declaraciones sin pruebas y construir narrativas convenientes. Su señalamiento de un supuesto pacto entre la gobernadora Rocío Nahle García y el dirigente nacional del PRI, Alejandro Moreno Cárdenas, carece de sustento sólido y se sostiene únicamente en su dicho. En política, acusar sin pruebas no es valentía, es oportunismo.

Resulta difícil no interpretar estas declaraciones como un intento desesperado por mantenerse vigente en la conversación pública. Cuando un político pierde estructura, respaldo y rumbo, suele recurrir al escándalo como último recurso. Ese parece ser el caso. Más aún, cuando la propia gobernadora ha salido a desmentir de manera clara cualquier tipo de acuerdo, desmontando una versión que no ha podido ser corroborada.

El problema de fondo no es solo la acusación, sino lo que representa: una política vieja, basada en insinuaciones, en acuerdos en lo oscuro —aunque en este caso ni siquiera comprobados— y en la constante búsqueda de culpables externos. En contraste, el gobierno estatal ha mantenido una postura institucional, enfocada en la gestión y no en la confrontación mediática sin sustento.

También es importante señalar que la salida de Yunes del PRI no marca un nuevo comienzo, sino más bien el cierre de un ciclo. Sin una plataforma clara, sin partido y sin un proyecto definido, su futuro político luce incierto, por decir lo menos. La política actual exige conexión con la ciudadanía, credibilidad y propuestas; elementos que no se construyen a base de declaraciones polémicas.

Veracruz necesita debates serios, no protagonismos reciclados. Y en ese sentido, el episodio deja una lección clara: no todo señalamiento merece credibilidad, especialmente cuando proviene de quien parece más preocupado por su supervivencia política que por el interés público, por lo que póngale fecha al inevitable ocaso político del diputado local.

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