Póngale Fecha | LA CATRINA MONUMENTAL

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Opinión de Emiliano Sesma

En la Plaza de la Unidad y la Concordia de Misantla, la Catrina Monumental ya se alza imponente, casi lista para recibir a miles de visitantes en el Día de Muertos. Este año, la elegante dama de la muerte viste un vestido negro profundo adornado con flores de colores vibrantes, un sombrero ancho de color negro que ondea con la brisa serrana, dándole un toque de misterio y feminidad. Con más de 30 metros de altura, esta obra artesanal no solo rompe récords de tamaño, sino que consolida una tradición que ha superado fronteras políticas y se ha arraigado en el corazón de los misantecos.

Todo comenzó en la administración municipal del presidente Othón Hernández Candanedo (2018-2021), quien impulsó la primera Catrina Monumental como un proyecto cultural ambicioso para posicionar a Misantla en el mapa turístico de Veracruz. Bajo su gestión, la figura de 26 metros se convirtió en la más alta del estado, un hito que combinó ingenio local con la necesidad de reactivar la economía tras años de olvido. Fue una apuesta valiente: artesanos, recursos municipales y la participación comunitaria se unieron para crear algo nunca visto.

Luego vino la administración de Javier Hernández Candanedo (2022-2024), quien no solo continuó el proyecto, sino que le dio un nuevo impulso. Con mayor presupuesto cultural y una visión más inclusiva, se incorporaron elementos del traje tradicional misanteco, se mejoró la iluminación y se integraron detalles como las flores de cempasúchil en mayor escala. Cada gobierno le imprimió su sello, pero la Catrina trascendió las administraciones.

Y eso es precisamente lo que debemos celebrar: la Catrina ya no es un proyecto gubernamental, es una tradición misanteca. No importa quién esté en la presidencia municipal; cada octubre, los artesanos liderados por Martín Eugenio Rodríguez Domínguez comienzan a tejer, coser y montar esta gigantesca figura con la misma pasión. Es un acto de resistencia cultural, de identidad colectiva, que nos recuerda que lo verdaderamente valioso perdura más allá de las administraciones municipales.

Pero esta tradición no solo es simbólica: tiene un impacto económico real y directo en los misantecos. Durante las semanas de montaje y las festividades de Día de Muertos, pequeños y medianos empresarios ven multiplicadas sus ventas. Los puestos de antojitos veracruzanos, las fondas familiares, los vendedores de artesanías en papel picado, las floristas de cempasúchil, los fotógrafos locales, los guías turísticos improvisados y hasta los conductores de taxis registran sus mejores ingresos del año. Hoteles y casas de huéspedes se llenan, y el mercado municipal rebosan de vida.

Se estima que más de 10,000 visitantes llegarán este 2025, muchos desde Xalapa, Veracruz puerto, Puebla e incluso el extranjero. Cada turista que se toma una foto con la Catrina, que compra un mole o un café, deja dinero que se queda en Misantla. No son cadenas hoteleras ni grandes corporaciones: son familias misantecas las que se benefician. Esa es la verdadera derrama económica: local, sostenible y humana.

Por ello, ojalá la Catrina Monumental siga creciendo en altura, en belleza y en años. Que ningún cambio de gobierno la detenga. Que siga siendo el pretexto perfecto para que los misantecos se unan, trabajen y se sientan orgullosos de su tierra. Porque mientras haya una Catrina en la plaza, Misantla seguirá viva, creativa y hospitalaria.

Por lo que hay que ponerle fecha a que este 29 de octubre, cuando se ilumine con su vestido negro, sus flores de colores y su velo rosa, no solo estaremos viendo una escultura: estaremos presenciando el triunfo de una comunidad que decidió que su cultura no se negocia ni se interrumpe.

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