Opinión de Emiliano Sesma
La política mexicana vuelve a ser escenario de un episodio que retrata los problemas de una oposición que parece no encontrar el rumbo. El diputado federal del PRI, Carlos Eduardo Gutiérrez Mancilla, protagonizó un nuevo enfrentamiento, esta vez con Jorge Álvarez Máynez, dirigente nacional de Movimiento Ciudadano. Los empujones, los insultos y el lanzamiento de agua durante la confrontación desplazaron del centro de la discusión los problemas que supuestamente motivaron el reclamo. Y es precisamente ahí donde surge la pregunta: ¿qué gana la ciudadanía cuando sus representantes convierten las diferencias políticas en pleitos e insultos?
Mancilla se ha convertido en una figura representativa de una forma de hacer oposición que apuesta por la confrontación antes que por la construcción de alternativas. Sus enfrentamientos públicos con otros políticos, incluidos episodios de tensión con legisladores de Morena y el reciente altercado con Máynez, alimentan la percepción de que algunos actores priistas confunden la estridencia con la capacidad política. La oposición tiene todo el derecho de cuestionar a sus adversarios, denunciar irregularidades y exigir responsabilidades; sin embargo, para que esa labor tenga credibilidad, necesita argumentos, pruebas y propuestas concretas. Los insultos no sustituyen las investigaciones, los empujones no resuelven los problemas públicos y las escenas de violencia no constituyen un programa de gobierno.
El problema de fondo para el PRI es que México necesita una oposición capaz de competir con ideas, presentar soluciones viables y demostrar que puede responder a las preocupaciones cotidianas de las familias. Frente a los problemas de seguridad, salud, empleo, educación, infraestructura y servicios públicos, la ciudadanía espera escuchar qué harían distinto sus representantes, cómo financiarían sus propuestas y cuáles serían los resultados esperados. Sin embargo, cuando la atención pública termina concentrada en una pelea, el debate se reduce a descalificaciones y pierde de vista lo verdaderamente importante. Si el priismo pretende recuperar la confianza de los electores, necesita mucho más que protagonismo en los videos virales: requiere una agenda clara, trabajo legislativo verificable y propuestas que puedan someterse al escrutinio ciudadano.
El riesgo electoral para el PRI no debe subestimarse. El partido arrastra una pérdida de presencia política en distintos espacios del país y enfrenta el desafío de convencer a nuevas generaciones de que todavía tiene algo relevante que ofrecer. Los episodios de confrontación no explican por sí solos su debilitamiento, pero sí pueden profundizar la percepción de una organización atrapada en prácticas que una parte del electorado considera anacrónicas. Si sus dirigentes y representantes continúan privilegiando los pleitos sobre las soluciones, el partido corre el riesgo de seguir perdiendo respaldo en las urnas y reducir todavía más su representación. Hablar de su desaparición electoral puede parecer prematuro, pero la posibilidad de una mayor marginalidad es un escenario que el priismo tendría que tomar en serio.
La democracia necesita oposición, pero no una oposición que confunda la estridencia con la eficacia ni la agresividad con la valentía. Necesita contrapesos que fiscalicen al poder, cuestionen las decisiones equivocadas y ofrezcan caminos alternativos para resolver los problemas nacionales. Mancilla, por la reiteración de sus confrontaciones públicas, termina simbolizando el riesgo de convertir la actividad política en un espectáculo de insultos y forcejeos. Al final, la ciudadanía tiene la última palabra y puede evaluar tanto al partido en el gobierno como a quienes pretenden sustituirlo. Si el PRI quiere evitar que su presencia electoral continúe reduciéndose, tendrá que demostrar que todavía puede aportar algo más que confrontaciones. Porque, en política, los reflectores pueden conseguirse con un escándalo, pero la confianza ciudadana se construye con resultados. Póngale fecha, si el priismo no entiende esa diferencia, el costo podría ser cada vez más alto en las próximas elecciones.
