Pablo Jair Ortega
En los últimos días, la gobernadora Rocío Nahle García ha vuelto a colocarse en el centro de una ofensiva mediática que, más que presentar hechos nuevos, retoman una fórmula conocida en campaña.
La fórmula telenovelesca es la misma: vincularla a terceros, involucrar a su familia, atribuirle reuniones que nunca existieron y construir conclusiones a partir de expresiones como “fuentes allegadas”, “fuentes de Palacio ” o “me dijeron”.
No es la primera vez: durante la campaña por la gubernatura de Veracruz, una parte de la ofensiva contra Nahle tuvo como eje precisamente a su familia. Su esposo, su hija, su yerno y su patrimonio fueron utilizados como bandera recurrente para piezas de una narrativa política cuyo propósito era cuestionar a la candidata a partir de su entorno personal.
Ahora, ya como gobernadora, la dinámica reaparece con nuevos episodios. La misma telenovela.
El sábado 22 de agosto, el periódico “El Norte” (vinculado al periódico Reforma, identificado como vocero de la derecha) afirmó que una revolvedora involucrada en un accidente mortal en Monterrey pertenecía a una empresa de la que es socio un yerno de Rocío Nahle.
Pero ese dato, aunque no es verdad ni demuestra responsabilidad por el accidente, mucho menos permite trasladar automáticamente el “hecho” a una supuesta responsabilidad de la gobernadora.
No obstante —como siempre— difundieron la mentira apostando al consumo colectivo y a la réplica masiva en medios… pero no les resultó.
La misma lógica apareció en la columna de Salvador García Soto, también el sábado 22 de agosto. Bajo el título “Los duros contra Sheinbaum y Rocha en rebeldía”, el comentócrata sostuvo que Rocío Nahle habría actuado como “enlace” del expresidente Andrés Manuel López Obrador para transmitir instrucciones relacionadas con el regreso de Rubén Rocha Moya a la gubernatura de Sinaloa.
La columna presentó esa versión como parte de una interpretación sobre una supuesta fractura interna en Morena. Rocío no solo respondió, sino que fue directa con el mensajero vía redes sociales: “Oooootra mentira más de @SGarciaSoto en el @El_Universal_Mx; es un falsario. ¡Es un honor estar con Obrador!”
El problema no es que un columnista tenga una hipótesis política, el problema aparece cuando se presenta un texto con apariencia de información corroborada, sin mostrar las pruebas que permitan al lector distinguir entre un hecho comprobado, una versión de fuentes y una interpretación del autor.
La expresión “fuentes confiables de Palacio” puede ser indispensable para proteger a un informante; sin embargo, no puede convertirse en un sustituto permanente de evidencia.
Y es que la desinformación, el uso coordinado de redes y la capacidad de una mentira repetida para convertirse en una percepción colectiva, ha sido constante. Así, mientras una parte de la conversación pública pretende mantenerse atrapada en rumores, nombres y versiones, Veracruz atraviesa transformaciones que merecen una discusión política mucho más profunda.
Ahí están las inversiones que llegan al estado, obras de infraestructura, cambios en el transporte público, recuperación de las finanzas y una forma de ejercer el gobierno que busca mantener presencia de territorio.
Rocío Nahle tiene la experiencia política de una mujer que sabe que su familia ha sido utilizada como flanco de ataques durante años, y ha tomado una postura para evitar que la mentira, la insinuación y la repetición terminen ocupando el lugar que corresponde a los hechos.
Claro que es válido que la disputa política sea intensa, sí; que sea crítica, también; pero que no se pretenda estar en el ánimo de la ciudadanía a partir de afirmaciones que nadie está obligado a aceptar como verdad solamente porque fueron publicadas.
Ello demuestra también la fuerza de Rocío Nahle y su capital político como Gobernadora. La prueba está en las incomodidades que genera la defensa férrea hacia el movimiento transformador y a favor de la gestión de la primera mujer presidenta de México, Claudia Sheinbaum.
Pero como toda telenovela chafita, seguramente los infundios y ataques continuarán por parte de quienes usan el “me dijeron” como arma política, en una constante fábrica de rumores.
