Perfilando | NAHLE Y CASTAGNÉ, EL TIEMPO PONE TODO EN SU LUGAR

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Opinión de Iván Calderón

El tiempo suele ser particularmente incómodo para quienes construyen reputaciones destruyendo las de los demás. Tarda, a veces demasiado, pero termina colocando personajes, historias y acusaciones exactamente en el sitio que les corresponde. Y el caso de Arturo Castagné Couturier comienza a entrar en esa etapa.

Le explico.

Durante años, Castagné hizo de la denuncia pública, el señalamiento y la descalificación una forma de posicionamiento político para ayudar precisamente a los Yunes de Boca del Río. Desde las redes sociales lanzó acusaciones, particularmente contra Rocío Nahle, cuando buscaba la gubernatura de Veracruz. La señaló, la persiguió mediáticamente y pretendió convertirla en el centro de una narrativa nacional.

El resultado político de aquella ofensiva ya lo conocemos.

Rocío Nahle ganó la elección y se convirtió en gobernadora de Veracruz.

Pero existe una segunda parte de esta historia que comienza a escribirse ahora.

La Gobernadora soltó una declaración que cambia por completo el ángulo desde el cual debe observarse a quien durante tanto tiempo se presentó como acusador: aseguró que Arturo Castagné es prófugo de la justicia y que cuenta con una ficha azul de Interpol para su localización.

Y políticamente el contraste resulta inevitable.

Mientras Nahle despacha desde Palacio de Gobierno, Castagné, según lo revelado por la Gobernadora, está siendo localizado incluso mediante mecanismos de cooperación internacional.

Vaya vueltas que da la vida.

Y es que tampoco estamos hablando de señalamientos aparecidos ayer.

Desde 2024 existen publicaciones periodísticas que documentaron acusaciones y presuntas denuncias relacionadas con conflictos familiares y violencia intrafamiliar contra Castagné. Es decir, mientras públicamente construía una imagen de fiscalizador implacable, detrás de su personaje mediático ya existían cuestionamientos que involucraban precisamente el trato hacia mujeres de su propia familia.

Nahle fue todavía más lejos este lunes: lo llamó públicamente “violentador de mujeres”.

Y ése es quizá el punto más delicado de toda esta historia.

Porque una cosa es ejercer la crítica, investigar al poder y señalar irregularidades. Eso no solamente es válido, sino indispensable en cualquier democracia. Otra completamente distinta es convertir la difamación, la agresión personal y la violencia contra las mujeres en herramientas recurrentes de confrontación.

Durante demasiado tiempo en México algunos personajes han confundido libertad de expresión con patente de corso.

Creen que desde una cuenta de redes sociales puede destruirse cualquier reputación, lanzar cualquier imputación y después esconderse detrás de la bandera de la crítica política.

No.

La crítica se sostiene con pruebas. Las acusaciones se sostienen ante las autoridades. Y cuando existen responsabilidades, también se enfrentan.

Por eso el caso Castagné comienza a adquirir una dimensión distinta.

El personaje que durante meses quiso sentar a Rocío Nahle en el banquillo de los acusados ahora enfrenta sus propios señalamientos. Y no precisamente por una persecución de la gobernadora. La propia Nahle hizo una precisión fundamental: el asunto por el cual asegura que es prófugo estaría relacionado con su propia familia.

Con la ficha azul Castagné tendrá que responder donde corresponde: ante la justicia y no en redes sociales o ante algunos medios que durante meses utilizaron a Castagné para mantener el golpeteo contra la Gobernadora.

Ante la justicia.

Porque las tendencias desaparecen y las redes sociales olvidan rápidamente a sus héroes momentáneos.

Los expedientes, en cambio, permanecen.

Rocío Nahle sobrevivió a una de las campañas políticas más agresivas que se recuerden en Veracruz, ganó las elecciones y hoy gobierna el estado.

Por su parte, Arturo Castagné, aquel hombre que durante meses quiso convencer al país de que la historia terminaría con Nahle derrotada y respondiendo por sus acusaciones, enfrenta ahora una paradoja difícil de ignorar: es él quien tiene que ser localizado por la justicia.

El tiempo tiene una extraordinaria capacidad para poner a cada quien en su lugar.

Y parece que a Arturo Castagné le llegó la hora.

Porque además de responder por los señalamientos que hoy pesan sobre él, también tiene pendiente cumplir la sentencia que lo condenó a pagar por daño moral a Rocío Nahle, una resolución que hasta ahora no ha cumplido.

@IvanKalderon

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