Opinión de Alejandra Herrera
RESULTA que, a menos de seis meses de iniciar el proceso electoral 2026 – 2027 para elegir diputados locales y federales, los partidos de la oposición en Veracruz se siguen desmoronando; muy lejos están de perfilarse a ser nuevamente una alternativa de gobierno.
Y es que mientras Morena gobierna, la oposición parece estar más ocupada en sobrevivir a sus fracturas internas que en ser una opción en las urnas.
La renuncia -por ejemplo- de Américo Zúñiga al PRI, exhibe la crisis que sigue enfrentando el partido que gobernó por muchos años el país y el estado y que al parecer pasará mucho tiempo para volver a ganar unas elecciones.
Ni la salida ni las declaraciones del ex alcalde de Xalapa generaron sorpresa para nadie, puesto que la situación crítica del partido parece haberse normalizado.
Sin embargo, no se trata únicamente de la renuncia de un cuadro político relevante, se trata más bien de la señal de que lo que quedaba del partido tricolor, se sigue cayendo, siguen perdiendo activos en un momento en el que deberían estarse fortaleciendo, creando estructuras, reclutando liderazgos y definiendo ya una estrategia electoral.
Así, mientras la oposición sigue perdida, Morena sigue avanzando, preparando las posiciones, analizando las mejores cartas porque ahí militancia y liderazgos, por ahora, sobran.
En tanto, el PRI enfrenta la salida de figuras históricas; el PAN sigue sin definir su nuevo liderazgo estatal y Movimiento Ciudadano, aun cuando ha crecido en algunos municipios, todavía no le alcanza para ser o encabezar una coalición competitiva.
RESALTA que, mientras el partido Morena está ocupado en definir quiénes serán sus candidatos, en la oposición se preguntan si para las elecciones estarán organizados.
Lejos quedaron esos liderazgos y estructuras con las que contaba el PRI y el PAN, había figuras con presencia propia que en muchos casos con el simple nombre garantizaban triunfos. Hoy esas figuras han migrado a otros proyectos o partidos o definitivamente se han retirado o mantenido al margen.
Las salidas de personajes no sólo les sigue reduciendo la militancia, sino también la operación política y la capacidad de movilización, lo que hace más difícil que vuelvan a ganar en las urnas.
Con ello, Morena gana tiempo sin hacer campaña, sin necesidad de entrar aun en modo electoral, pues los adversarios se siguen fragmentando y compitiendo entre sí, en lugar de competir o debilitar al poder.
