Opinión de Emiliano Sesma
Durante más de veinte años, la llamada bursatilización dejó a muchos municipios pagando durante años cantidades excesivas, con intereses que hicieron crecer la deuda como una verdadera bola de nieve. Alcaldes iban y venían, pero el problema seguía creciendo. Recursos que pudieron destinarse a calles, agua potable, alumbrado o seguridad terminaban retenidos para cubrir compromisos heredados.
Hoy, el gobierno encabezado por la gobernadora Rocío Nahle García ha decidido enfrentar de raíz un problema que durante mucho tiempo nadie quiso tocar. La propuesta para liberar de deuda a 199 municipios no solamente representa una medida financiera; significa también una apuesta política y social para devolver capacidad operativa a los ayuntamientos y permitir que los recursos públicos lleguen verdaderamente a la población.
Las declaraciones del secretario de Gobierno, Ricardo Ahued Bardahuil, ayudan a dimensionar la magnitud de este proyecto. El funcionario explicó que, una vez roto el esquema de deuda, los municipios dejarán de pagar cantidades desproporcionadas y únicamente cubrirán entre 18 y 25 centavos por cada peso que anteriormente destinaban, además de hacerlo sin carga financiera ni intereses.
La diferencia es enorme. Municipios que antes veían comprometidas sus participaciones podrán recuperar margen presupuestal para atender necesidades urgentes de la ciudadanía. Y quizás el punto más importante es que la gobernadora ha dejado claro que esos recursos deberán dirigirse a obra pública, equipamiento y beneficios colectivos, evitando que el ahorro termine absorbido por gasto corriente o nómina.
También destaca un elemento político que vale la pena reconocer: la disposición del gobierno estatal para apoyar a municipios sin importar partidos o diferencias ideológicas. En tiempos donde muchas veces prevalece la confrontación política, el mensaje de construir soluciones conjuntas para Veracruz adquiere relevancia.
Veracruz puede convertirse en referencia nacional sobre cómo rescatar financieramente a los municipios sin trasladar más presión a la ciudadanía. Y más importante aún: miles de veracruzanas y veracruzanos podrían comenzar a ver reflejado ese saneamiento financiero en calles pavimentadas, mejores servicios, equipamiento y mayor inversión pública.
Después de años de cargar con una deuda que parecía interminable, Veracruz empieza a construir una ruta distinta. Una ruta donde las finanzas públicas dejen de ser un obstáculo y vuelvan a convertirse en una herramienta para el desarrollo de los municipios y el bienestar de la gente. Póngale fecha al mensaje que manda la gobernadora, cuando hay voluntad política, sí se pueden buscar soluciones para problemas que durante años nadie quiso resolver.
