Opinión de Emiliano Sesma
Por primera vez en su historia, una mujer gobierna Veracruz. Rocío Nahle asumió el cargo hace un año y el domingo pasado rindió su primer informe ante una plaza llena. El dato que más resuena no es simbólico, es concreto: la deuda pública del estado se redujo 42 %, pasando de los alarmantes 120 mil millones de pesos heredados a una cifra manejable que libera recursos para lo urgente.
En un país donde los gobiernos suelen dejar la cuenta para el siguiente, recortar más de dos quintas partes de la deuda en doce meses es un acto de responsabilidad que merece reconocerse sin adjetivos partidistas. Significa menos intereses que ahogan al erario y más margen para atender salud, seguridad y caminos.
La clave del ajuste no ha sido magia ni austeridad de discurso: se trata de renegociación agresiva de pasivos con la banca, refinanciamiento a tasas más bajas y, sobre todo, un control férreo del gasto corriente que evitó la tradicional sangría de fin de año. Fuentes de la Secretaría de Finanzas y Planeación (Sefiplan) aseguran que se eliminaron 1,800 plazas de confianza creadas en los últimos meses del sexenio anterior y se congelaron contrataciones innecesarias. El ahorro en servicios personales ya ronda los 4,200 millones de pesos anuales, dinero que antes se iba en nómina fantasma y ahora se canaliza a obra pública y programas sociales.
Este miércoles 3 de diciembre, la gobernadora está en el Congreso del Estado para entregar formalmente el informe escrito. Lo hará ante una legislatura donde Morena y aliados tienen mayoría absoluta, coordinada por el diputado Esteban Bautista Hernández, presidente de la Junta de Coordinación Política. Será, sin duda, un trámite cómodo en lo político, pero el fondo no depende de los aplausos: depende de que la tendencia de disciplina financiera se mantenga y se traduzca en resultados que la gente palpe en sus comunidades.
El desafío inmediato es evidente: mantener la reducción sin sacrificar inversión productiva. Veracruz sigue siendo uno de los estados con más municipios (212) y con una de las geografías más complejas del país; bajar la deuda es necesario, pero no suficiente si no se traduce en carreteras dignas, hospitales equipados y policías mejor pagados. El 42 % logrado es una base sólida, pero ahora viene la parte más difícil: convertir ese oxígeno financiero en desarrollo tangible y no en nuevos monumentos al ego.
Que una mujer haya roto el techo de cristal más alto de la política veracruzana y, al mismo tiempo, entregue las finanzas más sanas en dos décadas, obliga a mirar más allá de las siglas. Por lo que hay que ponerle fecha, Rocío Nahle tiene frente a sí cinco años más para demostrar que el género no era lo importante, sino la capacidad de hacer lo que pocos se habían atrevido: poner orden en la casa antes de seguir construyendo. El 42 % es solo el primer ladrillo.
