DEL STORYTELLING AL STORYDOING: RELATO Y ACCIÓN

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Irma Chesty Viveros

En política, las palabras importan… pero ya no bastan. Durante años, el discurso fue el eje de la comunicación pública: narraciones bien construidas, mensajes emotivos y relatos capaces de seducir a una audiencia saturada de información. Sin embargo, hoy el ciudadano exige algo más que una historia convincente: quiere pruebas.

La política contemporánea transita hacia un nuevo territorio donde la narrativa solo tiene sentido si está respaldada por hechos. Es el paso del storytelling al storydoing: de contar lo que se promete, a demostrarlo; de describir un futuro ideal, a construirlo.

Este giro responde a una demanda profunda de la ciudadanía: coherencia. La gente ya no se conforma con escuchar qué hará un candidato o cómo interpreta un problema público. Necesita ver acciones, sentirlas en su vida diaria, verificar que lo dicho se convierte en resultados. El relato seduce, pero la acción legitima.

El storydoing se traduce en obras, programas, decisiones y gestos que sostienen el discurso político. No se trata solo de gobernar, sino de gobernar de manera visible y coherente, permitiendo que la población sea testigo e incluso parte activa de lo que se construye. Cuando esto ocurre, la comunicación deja de ser un accesorio y se convierte en una experiencia compartida.

El político que practica storydoing no se limita a prometer; se compromete. No solo comunica; demuestra. Y en un entorno donde la credibilidad es un recurso escaso, esa demostración es más poderosa que cualquier eslogan.

Hoy, el liderazgo se mide menos por la brillantez del relato y más por la consistencia entre lo que se dice y lo que se hace. Porque en política, las historias inspiran, pero los hechos son los que finalmente sostienen la confianza pública.

En tiempos de desconfianza, pasar del discurso a la acción no es solo una estrategia; es la única vía para construir legitimidad. Y ahí radica el verdadero poder del storydoing: en transformar la comunicación en realidad, y a la ciudadanía, en protagonista de su propio relato.

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