Opinión de Bernardo Gutiérrez Parra
Inaugurado el 17 de marzo de 1967, el Estadio Veracruzano se convirtió de golpe y porrazo en orgullo de la afición jarocha al futbol, afición que un año después le cambió el nombre por el de Luis “Pirata” Fuente. Bonito, cómodo, funcional y con una capacidad para 30 mil espectadores, fue la casa de los Tiburones Rojos hasta que los desafiliaron de la Liga MX en diciembre del 2019 y el equipo desapareció.
Entre 2003 y 2004 fue remodelado y se le agregaron butacas para un mayor aforo, además de una pantalla gigante. Uno de los ingenieros encargados de la obra, dijo que con su debido mantenimiento el Pirata funcionaría sin problemas por varias generaciones.
Pero el 24 de junio del 2022 el titular de Finanzas y Planeación, José Luis Lima Franco, escribió en sus redes que se estaban haciendo estudios de infraestructura para tener el presupuesto necesario y que el estadio quedara de primera. “¡Volverá el futbol a nuestro puerto jarocho y el balón volverá a rodar en El Pirata!”
En febrero del 2023 el gobierno estatal anunció la remodelación, lo que hizo que varias cejas se levantaran. ¿Remodelación cuando Veracruz no tiene equipo de futbol en Primera División? ¿Remodelación de un estadio cuando lo que urge es rehabilitar escuelas, carreteras y hospitales?
Sí pero tranquilos, será algo leve, nada gravoso y se entregará antes de que termine la administración de Cuitláhuac.
Y órale, uno dos tres comenzamos.
